33 - Llega la vista del ciego

A partir de este momento nos sumamos a la propuesta "Argentina despertemos nuestro legado sera de Abundancia"

Para reflexionar....

"el sabio que aprende a ver en la
oscuridad entiende que pasa bajo la luz"
                                                                                                                Kui-dador

Para los que necesitan encontrar su vida....

"Oh tu Señor, cuyo nombre es poderoso, cuya apariencia es grandiosa, cuyo pneuma es elevado, Oh tu Señor Saturno, tú, frío, seco, oscuro, hacedor de bien y de mal, recto en el amor, juramento, amigo, único, incomparable, rico en comprensión, impenetrable, cumplidor de promesas, cansado, indolente, que se mantiene en problemas y penas, usted que se aleja de sus amigos y alegría, viejo en años, rico en astucia, experimentado, astuto, engañoso, inteligente, comprensivo, usted quien trae aumento y quien destruye, cuya desgracia favorece la miseria y cuya felicidad favorece: te lo ruego, padre primigenio, por tus grandes buenas obras y nobles atributos, permite que este talismán ponga fin a la dilación, el cansancio, los bloqueos, los obstáculos y los sistemas de creencias poco saludables y Traer abundancia inmediata, prosperidad y éxito en todas mis empresas. Concédeme que me otorgue la solemnidad, la sobriedad, la aceptación, la obediencia, la diligencia, la disciplina, la estructura, la estabilidad, la comprensión, el conocimiento de mí mismo y mis límites necesarios, y todas las demás cualidades, rasgos, habilidades, poderes y bendiciones de Saturno. Exijo en mi vida, esfera y entorno.

En nombre de Dios y en nombre de los ángeles Heylil e Isbil, quienes se encuentran sobre Saturno en todo el frío y el hielo, el Señor de la Séptima Esfera, te invoco por todos tus nombres: en árabe Zuhal, en latín Saturnus, en ¡En hebreo Shabatathai, en persa Kewan, en griego Kronos, en sánscrito Shanaishchara! Por el Señor del Altísimo Edificio, que me concedas mi petición y escuches mi llamado, y obedezcas en obediencia a Dios y su gobierno y permitas que este talismán ponga fin a la dilación, el cansancio, los bloqueos, los obstáculos y los sistemas de creencias poco saludables y traiga abundancia inmediata, prosperidad y éxito en todas mis empresas. Concédeme que me otorgue la solemnidad, la sobriedad, la aceptación, la obediencia, la diligencia, la disciplina, la estructura, la estabilidad, la comprensión, el conocimiento de mí mismo y mis límites necesarios, y todas las demás cualidades, rasgos, habilidades, poderes y bendiciones de Saturno. Exijo en mi vida, esfera y entorno."
“La locura puede llevarte a la iluminación.”

                                   Leonora Carrington

“El infierno son los otros” Gracias frater Nox y hasta las proximas Saturnales!!


Decía Mefistófeles a Fausto cuando le cuestiona “¿Cómo es que estás fuera del infierno?”: “Porque éste es el infierno y no estoy fuera de él.”

Si, el infierno está aquí, es la mirada ajena, pesquisante que descubre, revela y penetra; es invasiva, incómoda, disgusta, ofensiva; es “infiernizante”, diría Jean-Paul Sartre.

Desde luego esta entidad metafísica no son los otros por sí mismos, sino somos nosotros alienados y enajenados en los otros los que hacemos que los tomemos como demonios y como infiernos.

“No se necesita hervir: el infierno son los otros, (...) pero siempre y cuando logremos escapar de su mirada paralizante.” (Sartre)

En palabras de T. S. Elliot: “¿Qué es el infierno? El infierno es uno mismo, el infierno es solo, las otras figuras en él: sólo proyecciones.”

Por eso para el cristiano aterra la presencia de Dios, que como un niño mirando sobre la rendija de la puerta, observa sin ser observado; por es los códigos morales instan al desarrollo de una consciencia personal, que castigue en silencio ahí donde las leyes humanas no puedan castigar. Es este el poder de la mirada que castiga, que desaprueba, juzga y me somete al darle poder sobre mi. Una mirada con tormento en la inseguridad y de naturaleza impersonal porque no son los otros por sí mismos, sino soy Yo a través de ellos.

Así pues me ato y me condeno en mi propio infierno, que es personal y secreto y que me hace doblegarme ante miedos e inseguridades.

Por eso recurrir al recurso animal de la mirada, que juzga, somete, subyuga al otro hasta que sea “mío” y sea yo, su infierno, su mal de ojo, la voz en su cabeza y en su inconsciencia; hasta que baje su mirada y pueda alzar aún más la mía en señal de victoria y dominación.

Este es el infierno: dejar que los otros sean en mi, pero no los otros físicos como entes materiales, sino los otros “Yoes” que, disociados y en desarmonía, asechan mi cordura y mi Ser, sea en forma de pensamientos aduladores o perturbadores, constructivos o destructivos, o en emociones, violentas y caóticas: ahí está el infierno, en el apego, en la reacción.

Esta es la caída, la existencia del otro; el otro Yo: la sombra, lo que no he podido ver pero que me juzga y me incomoda como cuando me encuentro solo e incómodo en la oscuridad, siendo cazado por la voz disonante y ruidosa que no he escuchado y que no he integrado, como una sombra, como un juez infernal. Es por eso que la justicia está siendo mal aplicada, autocastigándome por no saber ni conocer el origen de mi desgracia y de mis infiernos, que llegan a tener nombres de entidades, personas y hasta enfermedades.

Soy yo, mi propio infierno, incomprendido, inaccesible, y por eso debo arder y ser purificado por el fuego del dolor y del sufrimiento, que como expiación, da bienvenida a la transformación como un cambio, un renacimiento, y volveré a caer en el mismo infierno hasta que no lo haya entendido, hasta que no lo haya integrado a mi.

Por eso haz justicia para ti mismo y sobre ti mismo. Sufre en medida y con moderación, porque es parte de la metanoia y sublimación.

Ave Saturnus!-Gracias Clavicula NoX


Uno de los más grandes actos de responsabilidad y justicia que podemos hacer por y para nosotros mismos, y que de algún modo es también una fuente infinita de amor propio, es comprender la naturaleza de nuestros apegos y sufrimientos y trascenderlos; sublimarlos y ennegrecerlos hasta que de esa ipseidad pura, de esa negrura, podamos resurgir la materia prima para nuestro nuevo Yo, como seres mejorados, porque hemos vencido la muerte de nuestro antiguo Yo que yace en las cenizas del fuego de tormentos y sufrimientos.

Y entonces, que de estas fuerzas que nos controlaban y nos ataban limitando nuestro ser y potencial, son vencidas como nuestras propias pasiones que son capaces de cegarnos para, posteriormente, seguir avanzando en nuestro camino y en nuestras metas.

No obstante, debe quedar claro porqué lo hacemos y hacía dónde queremos (y no) avanzar, pues de lo contrario regresaremos indudablemente hacia donde mismo. ¿Qué injusto si ya lo hemos sufrido, no? Bueno, ese es tu trabajo.

Así entonces si algo te aqueja, si con algo sufres, deja que te absorba y te queme hasta que no puedas más; que se apoderen de ti para que, en el calor de todo ese sentimiento, puedas tomar tú el control desde el interior de ese gran fuego, de ese terrible maremoto de emociones, de ese huracán y tifón de pensamientos devastadores y cortantes que hieren y merman progresivamente, tu Ser.

Esto es meterse a la boca del dragón, enfrentar al propio infierno mental de aquello que nos incomoda, que nos tormenta y nos enfrasca psíquicamente.

Demos muerte a esos pensamientos “infiernizantes” que constantemente nos abruman, aterran y aprisionan.