“La alquimia del diablo”
“Quien mira hacia adentro, despierta” – Carl Gustav Jung
El Diablo ha
sido el Dios de todo aquél que a uno le desagrada. Él, observa todo y a todos
en todo momento y en todo lugar desde las sombras: eh ahí la clave de su poder.
El hombre, rara vez se observa así mismo, he ahí la clave de su pobreza.
Esta figura de
oscuridad y caos ha recibido muchos nombres y le han otorgado una gran cantidad
de fieles a su merced. Etimológicamente, la palabra “Satanás” proviene de la
palabra arameo <<shatán>>, que significa adversario. Los griegos lo
tradujeron del hebreo como <<ha-shatán>>, y simbólicamente, este
ser no tiene poder a menos que los humanos hagan ‘cosas malas’, impulsivas o
instintivas, cuándo la razón y la inteligencia (virtudes divinas) son
superpuestas por lo instintivo y colérico (cualidades terrenales).
Después viene la
palabra ‘Diablo’, que en los textos griegos proviene del verbo
<<diabál•ló>> que significa, al igual que shatán (hebreo),
‘calumniar, falsear, mentir’,etc. Tiempo más tarde, se le acuñaría la palabra
‘demonio’, aunque demonios son los “sirvientes del diablo”.
Un poco de
historia
Su historia se
remonta a los tiempos de cristianos vs paganos, donde estos últimos tenían una
gran cantidad de Dioses con distintas cualidades y características, siendo
aquellos con cuernos los que más destacaban por esta notoria apariencia. En un
intento por desprestigiar a los dioses paganos, los cristianos ligaron a
deidades con cuernos como malas, así el diablo tomó su imagen de Dioses paganos
como del Dios celta Cernunnos (Dios astado, símbolo de virilidad), Pan de los Griegos,
Fauno de los Romanos, Pashupati de los hindúes, entre diversos otros.
Con el tiempo
tuvo distintas transformaciones, pero gracias a que comenzaron a darle una
forma ‘humanoide’, y aprovechándose del efecto de rechazo-repulsión y hasta
miedo que este tipo de formas nos hacen sentir, llegó a su forma tradicional
como la conocemos actualmente.
Personalidad
Alquímica
Si queremos
hablar sobre su naturaleza per se, tenemos que comenzar hablando de su creación
pues la generación espontánea como lo manifiestan algunos creyentes ya fue
invalidada por los científicos, y hoy sabemos que todo tiene una razón o un
origen.
Este ser,
representa el lado ‘oscuro’ de la materia, un lado ‘terrenal’ y densificado que
se encuentra en las sombras. Para algunos, es el inconsciente y lo privado, y
al igual que Dios, este ser es una figura que no solo se puede manifestar en
las obras y las acciones, sino que (dicen algunos), se puede manifestar también
en forma de cabra o de mujer hermosa.
Aleister
Crowley, menciona que este ser invitó al hombre a dejar de ser esclavo de sí
mismo, y no ser un mono manipulado por la mente y los sentidos: "Oh Hombre
Conócete a Tí Mismo y conocerás al universo y los Dioses" y así enseñó la
secreta Iniciación del despertar del hombre.
Esta figura
posee su propio culto, que lleva hasta su propio nombre: El satanismo.
Introducido por Anton LaVey, esta escuela ve en algunos aspectos el ‘mal’ como
fuerza vital e impersonal, objeto u herramienta por el cual se pueden dominar
las facultades destructivas propias de tal fuerza. Es decir, utilizar a esta
figura y a su símbolo de ‘el mal’ como medio de autocontrol.
Como mencioné,
uno de los varios significados o representaciones esotéricas de esta figura es
la cuestión material y carnal. El psicólogo y alquimista Carl Gustav Jung,
representa ‘el todo’ como un show de alquimia dramática: el cosmos y lo
espiritual. El opus magnum (o la gran obra, proceso de creación de la piedra
filosofal) tiene como finalidad la liberación del alma humana como la curación del
Cosmos, y era aquello a lo cual los alquimistas llamaban ‘materia’, que en
realidad, era el ‘sí mismo’.
En antiguos
textos alquímicos, podemos identificar también la referencia del <<anima
mundi>> (el alma del mundo), identificada por los alquimistas con el
<<spírítus mercurius>>, donde estaba aprisionada en la materia. Por
esto, los alquimistas creían en la verdad de la materia, pues la materia era en
efecto su propia vida psíquica y se trataba entonces de liberarla, de
‘salvarla’ y obtener la piedra filosofal, es decir, el “cuerpo glorioso”, el
corpus glorificationís.
Se dice que en
el inicio se encuentra al ‘Dragón’, o como los alquimistas le llamaban:
<<la nigredo>> (el negro). La ‘materia’ sufre hasta la desaparición
de la ‘negrura’. Sicológicamente hablando, el alma se encuentra luchando contra
la ‘Sombra’. Lo vemos reflejado en la mitología pues el héroe siempre lucha
contra un demonio o un dragón, baja hasta las profundidades hasta donde
encuentra su gloria. Es así pues, el misterio de la conjunción, misterio
central de la alquimia que persigue justamente la síntesis de los opuestos, la
asimilación del ‘Negro’.
¿Dónde habitan
estos seres? Puede ser en el Infierno o en las tinieblas. ¿Y dónde están? En la
oscuridad, en la noche. Antes de que aparezca el sol, la luna y las estrellas,
se necesita de una preparación, y es junto la noche la que prepara la llegada
del día, y las tinieblas la de la luz. Observad el carbón: es negro, pero con
mucho trabajo, se puede formar un brillante diamante.
Las tinieblas
representan la materia desorganizada, el caos, el trabajo del subconsciente y
la oportunidad de estar frente a nosotros mismos, la oportunidad de entender y
comprender lo que en él habita (nuestro yo, nuestro ego). Alegóricamente, es el
plexo solar la sede del subconsciente, pues es allí donde se encuentran las
emociones, y al sumergirnos en las vísceras, en las pasiones, se manifiesta
aquello que nos hace ser animales o bestias, en lugar de ser hombres. Y este es
justamente el trabajo del iniciado, sumergirse en el VITRIOL y salir victorioso
como el sol durante el solsticio.
Otro lugar donde
dicen que habita es en el infierno, ese lugar lleno de flamas y de lamentos.
Personalmente, escucho eso y lo pienso como un buen lugar de purificación, pues
¿cómo podríamos renacer o rehacernos en mejores personas sin habernos
convertido primero en cenizas, sin habernos purificado primero al dejar de
lamentarnos y de tener miedo?
Para algunas
personas, este estado ‘despierto’ es muy grave, pues nos confronta nuestra
“Sombra”, el “yo interior”. El diablo, juega además un papel de “chivo
expiatorio” pues permite deslindarse de responsabilidades al otorgarle poder
sobre nosotros o nuestras acciones, adhiriéndose a él la ‘maldad humana’. Todos
son culpables, menos yo.
Thomas Karlsson,
iniciado en el sendero de la mano izquierda (LHP) y fundador de la Orden del
Dragón Rojo menciona en su libro ‘Qabalah, Qulipoth and Goetic Magic’ que
“Neptuno, Shivá y Satán, son símbolos de baja superficie (o vibración), de un
lado oscuro de la existencia.”. Aunado a que estas figuras mitológicas y
esotéricas tengan una connotación de maldad, Thomas menciona que en la Cábala
la descripción de ‘maldad’ difiere, y menciona las diferenes maneras y
connotaciones que puede tomar: 1) maldad positiva, maldad negative, 2) maldad
necesaria, maldad innecesaria, 3) una perspectiva dualista, una perspectiva
monolista, 4) como principio material, como principio espiritual, y como 5)
maldad personal y maldad impersonal.
Sin embargo, no
es la única figura ‘del mal’. Hablemos ahora de Lucifer, la ‘estrella de la
mañana’, ‘el resplandeciente hijo de la oscuridad’, ‘El portador de luz’, o
como lo conocían también los griegos, Eosphoros, “El que trae el amanecer”. Los
Filósofos dicen que el mercurio es el azufre blanco de los Sabios; pero también
se refieren a este ser como el aspecto "caído" del mercurio; esto es,
oculto en medio de la obscuridad y de las profundidades de la materia.
En la Alquimia,
Lucifer es asociado a los metales impuros contaminados por el azufre bruto, lo
que significa que el ser de luz dentro de nosotros está contaminado por lo que
se llama “basura psicológica”, (llamado también superfluidades, escorias,
desperdicios), causada por el mismo hombre. Este ser, descendió/cayó a la
tierra y ahora está presente en forma de mercurio mezclado con elementos
impuros. Se disolvió en azufre y sal y está "atado" y obscurecido por
el lodo negro. Es la conciencia del Yo caída en la conciencia del ego, pero
presente en ella, aunque oculta. Representa nuestra conciencia, todos aquellos
complejos (psicológicos como traumas) con los que hemos nublado nuestra
conciencia pura. Las impurezas no permiten que la luz se filtre bien, y
entonces se distorsiona presentando ante nuestra conciencia la ilusión (llamado
“azufre rojo” por los alquimistas). Es una ilusión porque nosotros somos los
que hemos creado las impurezas, y entonces Lucifer, no es más que una imagen
distorsionada de este mercurio.
Aquí, no vemos
más que a la luz en potencia de la oscuridad, conocida como luz astral. De este
pasamos a otro ser simbólico: Baphomet. Según Eliphas Levi, Baphomet, para los
templarios, se compone de tres abreviaturas: Tem. OHP. AB., Templi omnium
hominum pacts abbas, ‘el padre del templo de la paz de todos los hombres’. Este
es quizás uno de los símbolos con más carga exo-esotérica que podamos
encontrar, teniendo una forma perturbadora para filtrar a quienes no estén
preparados para sublimarse, conocer su dualidad y exaltar su materia.
Mucho se les ha
atribuido a estas figuras poderes tan grandes y destructivos, capaces de
corromper todo cuanto tocan. Sin embargo, ¿qué acaso no es necesario de una
fuerza que empuje al hombre para salir de su confort y crecer? ¿será acaso ese
el verdadero conocimiento de la cuál hablaba la serpiente en el árbol de la
vida?
En el tarot, el
diablo (arcano XV) nos habla sobre lo material, los apegos, los instintos
básicos, y a la responsabilidad que debemos tomar. Nos habla también sobre el
desosiego y la ilusión de lo material. Tanto poder se le ha dado, que se nos
olvida que él es solo una contraparte del todo. Sin él, no se pudiera entender
la naturaleza misma, la dualidad, los principios que rigen a la naturaleza
misma del ser humano. El diablo, por su naturaleza terrenal, nos enseña además
a poner los pies sobre la tierra pues, “nadie se ilumina fantaseando figuras de
luz, sino haciendo consciente su oscuridad” (Carl Gustav Jung).
¿Cómo hacer
consciente lo inconsciente? Conociendo lo más posible lo individual, que es
como podemos comenzar a comprender que las cosas no son por cuestión de suerte
o de casualidad, sino de causalidad. Desintegrar para poder integrar: ‘solve et
coagula’, que refleja también la alegoría de la condensación y el descenso del
espíritu sobre la materia, su limpieza y purificación.
Si no hacemos
consciente lo inconsciente, seguiremos teniendo las mismas conductas una y otra
vez, seguiremos sufriendo lo mismo, atrayendo el mismo tipo de personas,
cometiendo los mismos errores, y seguiremos creyendo que es el destino quien
dirige nuestra vida, cuando somos nosotros quienes lo hacemos, con miedos,
apegos, traumas, ignorancia. No es fácil confrontar fantasmas ni demonios, mi
ego. No debo responsabilizar al universo ni a los otros por mi desgracia cuando
yo soy el primero y el último responsable de mi suerte, y de mi enfermedad.
Pensar es
difícil; es por eso que la mayoría de la gente prefiere juzgar, aunque, a lo
mejor el verdadero miedo no es el diablo en si, sino que al quitar esa máscara
te reconozcas en él, pues seas tú, el único adversario a vencer.
“No hay
oscuridad, solo ignorancia” – William Shakespeare.


Saludos y respetos por el trabajo, organización y generosidad de compartir. Gracias. J. Alfonso Reyes C.
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